“Colorín colorado”. Quizás esta sería una forma eficaz y
acorde con las circunstancias para cerrar, al menos de momento, este blog. Pero
la verdad es que, al igual que pasa en uno de mis momentos cinematográficos
preferidos y que corresponde a la película ‘¿Conoces a Joe Black?’, cuesta
soltar amarras.
Ya han pasado unas semanas, incluso meses desde que
regresamos a casa y hemos vuelto a la normalidad en la medida que se pueda
volver si lo que nos hemos encontrado es realmente la normalidad. Rutinas en el
trabajo, lunes que son iguales que el martes, miércoles pluriempleados entre el
jueves y el viernes. En fin, más de lo mismo. Más de aquello que en ningún
momento nos hemos encontrado por Tailandia ni por Camboya.
La sensación que te queda una vez echas la vista atrás es
que la verdadera vida es aquella que dejamos allá. No por el mangoneo de
tumbarse a la bartola a pleno sol mientras la envidia os corroía viendo las
fotos ni hincharse de fideos con pollo. No. La vida entendida como una
maravillosa obra de teatro cuyo argumento va cambiando a medida que se suceden
las escenas.
No sé si la experiencia nos ha hecho ser mejores o peores,
si nos ha cambiado para bien, para mal o para regular. Desconozco si realmente
habrá un antes y un después de todo lo que nos hemos encontrado y si habrá
servido para algo, pero donde no me cabe la menor duda es en que volveríamos a
izar las velas hacia donde nos llevara el viento. O la Visa , claro, que tampoco hay
que pasarse en lo espiritual.
Después de habernos chupado más de 20.000 kilómetros ,
haber intercambiado opiniones con gente de Tailandia, Camboya, España, Francia,
Italia, Israel, Alemania, Inglaterra, Austria, Estados Unidos y de Canadá, así
como algún país que me dejo olvidado en la memoria, no puedo más que decir que
el mundo es mucho más grande de lo que jamás nos podremos llegar a imaginar.
Un mes no da para cambiarte la forma de pensar pero rinde lo
suficiente como para que desconectes parcialmente de todo aquello que dejaste
atrás. Tailandia ha servido de trampolín para descubrir nuevas aventuras y
vivirlas exprimiendo cada segundo al máximo. Ha sido como un lienzo blanco
impoluto a partir del que trazas una obra maestra. Ha sido, para que me
entendáis, un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para Clara y para
mí.
Y la verdad es que da pena chapar esta especie de terraza de
bar en la que durante 28 días nos hemos reunido, hemos intercambiado opiniones,
anécdotas y consejos, y hemos crecido juntos. Se nos hace difícil elegir un
momento como el mejor de todos porque cualquiera de los que hemos vivido nos ha
enriquecido de alguna forma.
Cuesta, como os decía al principio, soltar amarras. Pero
imagino que dar carpetazo al pasado, dar ese último paso en este camino es lo
ideal para empezar un nuevo camino. A día de hoy no sabemos si nos llevará a
África, a Sudamérica o, de nuevo, a Asia. Lo estamos tanteando, aunque para que tengáis una pista, tenemos muchas ganas de cambiar los elefantes por las jirafas. Ya me entendéis.
Lo mejor es que mientras estas líneas se acaban, más pronto
de lo que nos pensamos, volveremos a escribir otras. A vivir otras. Desde más aquí o desde más
allá. Desde nuestro corazón hasta vuestras vidas. Compartiendo una cerveza en plan virtual con todos y cada uno de vosotros.
En fin, muchas gracias y hasta luego.
¿¿¿¿¿¿Volvemos a izar las velas???????
ResponderEliminarLas izamos en requetepoquito... creo que solo quedan horas casi casi jejejej :)
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar